jueves, 25 de octubre de 2012

En torno a la exposición de César Martínez en Madrid


Inmateriales
Amor y tiempo

El Centro México Madrid presenta, hasta el próximo 4 de noviembre, "El amor es eterno mientras dure", una incitante muestra del artista mexicano, por más de un motivo ligado a España, César Martínez (1962). Concebida como una especie de "celebración" de sus cincuenta años, y por ello como una mirada introspectiva hacia el paso del tiempo y el curso de la vida, Martínez ha reunido una serie de obras, todas ellas realizadas durante este año, con una insólita fuerza de evocación: se trata de un conjunto de lápidas con inscripciones.

César Martínez: AMORtiguar el dolor.
Mármol beige maya, 18 x 60 x 2 cm.

Para quienes puedan sorprenderse por el soporte elegido, conviene señalar que este artista ha utilizado materiales y formas de expresión sumamente variados durante sus casi tres décadas de trayectoria profesional. De sus dibujos iniciales pasó a utilizar fotomontajes de fuerte impregnación irónica y de crítica política, propuso esculturas de cera que ardían, consumiéndose durante el tiempo de exposición al público, y figuras también escultóricas, realizadas en goma, que se inflaban y desinflaban ante la vista, utilizando para ello un temporizador. Hay que mencionar también sus acciones o performances, casi siempre ligadas a celebraciones rituales en las que el público reunido es invitado a comerse al otro, a comer figuras elaboradas con gelatina o chocolate, por ejemplo.
Esta sumaria enumeración de los registros del trabajo de César Martínez permite apreciar hasta qué punto la experiencia del tiempo y la meditación en torno al mismo constituye una de sus preocupaciones centrales. De modo que esta muestra, que él caracteriza como "una proApuesta de cementerio romántico apocalíptico pero sin inquilinos", sigue incidiendo en el cuestionamiento de la duración, en una consideración cargada de melancolía acerca de la inevitable fugacidad de la vida humana y de todos los acontecimientos y procesos en los que ésta se despliega. Eso sí, su " proApuesta" está, a la vez cargada de humor e ironía.

César Martínez: El capital del amor.
Mármol blanco de Carrara, 30 x 80 x 2 cm.

Las lápidas son piedras de superficie plana que llevan inscripciones. Tienen que ver con la evocación de personas fallecidas, y ése es su uso habitual en los cementerios, pero también con el deseo de mantener en la memoria pública el recuerdo de personalidades o acontecimientos relevantes para una comunidad. Es indudable que la utilización de la piedra, con su dureza y consistencia, está relacionada con el deseo de que la evocación y el recuerdo duren, permanezcan en el tiempo. La ironía de César Martínez fluye a través de lo que inscribe en sus lápidas: por ejemplo, elementos de crítica de la actualidad política, que desvelan lo pasajero de las distintas cristalizaciones del poder humano, a pesar de las pretensiones ilimitadas de quienes lo detentan. Crítica de la situación y de los partidos mexicanos: "MÉXICO LINDO Y QUÉ HERIDO TE HAN CONVERTIDO EN UN (PAN)TEÓN", "A(PRI)CALIPSIS NEVER AGAIN", pero también del Tratado de Libre Comercio: "Tratado del libre comerse en América del Norte", o de la problemática situación europea: "NE UROSIS". Crítica, así mismo, del racionalismo filosófico: "SIENTO LUEGO EXISTO - NO ME DESCARTES DE TU VIDA".

César Martínez: Neurosis.
Mármol Travertino naranja, 30 x 65 x 2 cm. 

Como puede apreciarse, las inscripciones de César Martínez son juegos de lenguaje, en el sentido de apertura de los sentidos lingüísticos que dio a esta categoría el filósofo austríaco Ludwig Wittgenstein. Pero, con toda su carga alusiva, al estar grabadas en lápidas, sus inscripciones son ante todo juegos de lenguaje con la muerte, a la que, por su carácter inevitable, se despoja de toda solemnidad, en una línea intensamente presente en la cultura mexicana, y desde luego en el arte y en la literatura. Pensemos, por ejemplo, en la celebración del Día de los Muertos, en la obra del gran grabador José Guadalupe Posada, o en Pedro Páramo, de Juan Rulfo.

César Martínez: La eternidad provisoria.
Ónix blanco, 40 x 50 x 2 cm.

Humor, crítica e ironía. Pero también melancolía. Porque el aliento que más intensamente desvela el carácter apasionado de este artista de las palabras y los flujos temporales es su invocación del amor, el desgarramiento entre el deseo de un amor eterno y la consciencia de su inevitable, humana, fugacidad. Es algo que puede apreciarse en el título de la exposición, ya mencionado, pero también en inscripciones como "LA VIDA ES AMORTAL" o "AMORTIGUAR EL DOLOR". La invocación del amor es así el verdadero núcleo de estos "Epitadesafíos y Lapidiarios". Y aquí encontramos la huella de Octavio Paz, al que el propio César Martínez recuerda. Pues si, como Paz escribió, "no hay remedio contra el tiempo", el amor es precisamente una respuesta al mismo, al ser "simultáneamente consciencia de la muerte y tentativa por hacer del instante una eternidad". 

PUBLICADO EN: ABC Cultural (http://www.abc.es/), nº 1064, 20 de octubre de 2012, p. 26.


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